miércoles, 1 de octubre de 2014

Rallye de Teror 2014. Una carrera inolvidable

Vamos a ver si soy capaz de contar todo lo que todavía tengo en la cabeza, que no es poco.
Ya en la previa te expliqué como se habían dados los entrenamientos y demás, por lo que ya nos centramos en lo que es el rallye en sí.
Poco que contar de las verificaciones, y la salida transcurre mientras mi garganta lo pasa mal.  
Ceremonia de salida (foto de mi padre)
Ya el sábado, el primer tramo empieza con los nervios habituales y en la primera curva cerrada, a unos 200 metros de arrancar... trompo. Pero no trompito de esos que el culo se descoloca, sino trompo entero quedándonos de nuevo con el morro mirando hacia la salida. Entre eso y lo que tardamos en dar la vuelta (las cajas secuenciales para la marcha atrás son ruines) perdemos alrededor de 20 segundos. Mientras Jonathan giraba el Clio le digo que no se preocupe, que las ruedas estaban frías, que el día está empezando y queda mucha tela que cortar. Una vez enfilados hacia abajo, empiezan a fallar los interfonos, tanto que en muchas partes del tramo no funcionan y tengo que indicar el grado de la curva con los dedos teniendo que soltar la libreta alguna vez. Un copiloto sin interfonos es como la 2 de TVE, está pero no sirve para nada.
Al llegar a meta estamos disgustados ya no tanto por lo que ha pasado, sino por lo mal que lo podemos pasar si no lo conseguimos arreglar. El caso es que durante el tramo yo si oía a Jonathan pero él a mi no, por lo que suponemos que el fallo está en mi micro, así que decidimos que le cante las notas por el suyo, que al tener el cable bastante largo llega a mi casco y me lo trabo en el arnés. Es una chapuza, pero debería funcionar.
Bajando Aríñez (foto de mi padre)
 La primera pasada por El Zumacal quedará marcada porque a poco de salir se enciende la luz de la batería, así que algo eléctrico no va bien. Aun así el coche funciona y nos lleva hasta la meta sin problemas pero… al parar a poner gasolina vemos como un cable del alternador está partido. Sacamos las herramientas y Jony se pone manos a la obra, pero la obra es chica y las manos grandes, por lo que no hay manera de que el jodío cable vuelva a su sitio y se quede trincado con la tuerca en cuestión. Encima para que nos haga más gracia la situación, la llave 8 se cae y va a parar a un recóndito lugar del hueco del motor, entre el radiador y el colector del escape. Ahí es cuando Jonathan decide calentarse y vaya si lo hace. Quemada extrema en el dorso de una mano. A todo esto, mientras la llave se esconde y el cable se resiste, el reloj va caminando. Teníamos 42 minutos para llegar de Los Castillos al Toscón, pasando por Los Portales, Visvique, Arucas, Santidad, Tenoya, La Cazuela y Piletas. Faltan 22 y allí estamos todavía. Saco cálculos y entiendo que es poco probable llegar, pero hay que seguir intentándolo, porque vale más llegar penalizados para seguir corriendo que no llegar. Todavía no sé como, a falta de 19 minutos está el alternador, el parachoques y el capó en su sitio (vaya despliegue para un cable) y salimos zumbando. Mis principios no me permiten contarte cómo hicimos todo ese enlace. Paramos frente al Mercadona a ponernos los cascos y llegamos al control horario a falta de 20 segundos para penalizar por retraso. Ni me lo creo. Si el semáforo de Tenoya llega a estar en rojo no llegamos, pero afortunadamente estaba verde. Te juro que pasamos en verde.

Y después de esa odisea, ahí estamos, a punto de enfrentarnos al tramo que llevamos esperando toda la vida, la carretera de Tamaraceite a Teror. Salimos como animales a un ritmo altísimo, pasamos con cuidado la rotonda y nos metemos en la parte de la carretera vieja como si no hubiera un mañana. Que gustazo y vaya experiencia. Inolvidable. Un cuarto mejor tiempo con todos los coches en pista, tiene mérito. Al llegar al control stop con el corazón a tope y la lengua seca como un risco, un chico nos ofrece una bolsa con agua y…frutos secos. Sólo pensar en comerme unos manises en aquellas circunstancias me acelera más el pulso. https://www.youtube.com/watch?v=IZyweTsTrJA (vídeo on board del tramo)

En el parque de trabajo delante del Made in Teror arreglamos los interfonos gracias a Raúl Quesada que me echó una mano a sacarlos de los cascos y a Laure que soldó un cable que estaba partido, solucionando el problema. Se refuerza lo del alternador y listo.

La segunda sección empieza bien, no cometiendo ningún error en Ariñez y San Isidro. Al llegar a la salida del Zumacal vemos que van saliendo las ambulancias, así que toca esperar. Finalmente se neutraliza y nos desvían por recorrido alternativo. Ánimo a tod@s los implicados en ese tema del que no voy a escribir nada porque yo no estaba allí, y como no estaba no sé lo que pasó, y de lo que no sé, no hablo, y el que lo quiera coger que lo coja.

La segunda pasada por Caminito de Teror se salda con un empeoramiento del tiempo (como le pasó a casi todos), debido seguramente a que las ruedas ya estaban bastante cascadas y el agarre no es tan bueno como por la mañana. Aun así lo disfrutamos igual. Quedan dos tramos y vamos cuartos porque una penalización que tenía Quintino y que le habían quitado por anularse el control en cuestión, le vuelve a aparecer en la clasificación. Las diferencias son muy cortas y puede pasar de todo. Montamos unas gomas menos viejas (que no nuevas) y con un plus de tranquilidad para ir ya terminando nos tiramos por Ariñez. En un rasantillo que hay antes de la carpintería Taimatic, Jony suelta un “yiiiija” que me hace gracia. Se lo está pasando bien. Al llegar a la meta nos damos cuenta de que nos hemos divertido como niños chicos, y aunque mejoramos el tiempo, nuestros rivales también han hecho su trabajo y amplían las distancias relegándonos al quinto puesto, que es un resultado maravilloso.
Por tanto, en el último tramo decidimos que ya está casi terminado y que no vamos a correr riesgos para llegar a la meta final. Eso lo pensamos nosotros, porque el Clio se creía que allí se acababa la historia y no quiere ponerse en marcha. Menos mal que alguien se dio cuenta una vez de que los coches arrancan cuesta abajo con un cambio, pero claro al no poder pararlo en la cola del CH y de la salida, el amigo se empieza a calentar más de la cuenta. Cuando salimos a correr la aguja está ya con la lengua fuera, pero ya en carrera se refresca la cosa y llegamos a meta con total tranquilidad, sin errores y guardando el quinto puesto, que resultó ser cuarto por la avería de Curbelo en los últimos metros. Antes del control stop le doy las gracias a Jonathan por contar conmigo y le comento que me alegro de que mi trabajo le haya servido para sacarse la espina que tenía clavada con el rallye del pueblo. Él también se alegra.
Ya sólo queda llegar a Teror y terminar. Así lo hacemos, en la calle Real entrego el carnet de ruta a mi hora y con eso se acaba esta historia.

Termina el 34º rallye de Teror, en el que he conseguido mi mejor clasificación final en 15 años dedicado a esto. Hay que reconocer que nuestro puesto se debe a los abandonos de coches que debían estar y estaban por delante, pero…las carreras hay que terminarlas y no creo que eso nos reste mérito. Desde otro prisma, podemos llegar a pensar que sin el trompo de la tercera curva del rallye, igual podríamos haber quedado segundos, pero eso nunca se sabe. Las cosas son como son y punto. No me olvido de felicitar a Ángel y Víctor Marrero, a Raúl Quesada y Perico Domínguez y a Miguel Quintino y Carlos García por conseguir subir al podium. Como curiosidad decir que aunque quizás nadie se acuerde, hace justo diez años Quintino corrió su primer rallye de asfalto en el Teror, siendo yo su copiloto, y que hace ocho años, Quesada daba un paso de gigante en el Teror para ganar el Desafío Peugeot, siendo yo su copiloto.

Al subir a la rampa nos entregan trofeos por ser primeros de la agrupación 2 y terceros de Aterura, más una botella de cava o algo de eso amargo que nos tiramos por encima como manda la tradición.
Baño de champán (foto Aterura)
Aunque lo mejor de llegar no fue el puesto ni los premios, sino el recibimiento de nuestras mujeres para poner en nuestros brazos a nuestras hijas pequeñas, Zaira la de Jony y Aroa la mía. Nunca olvidaré ese momento.
Una vez dejado el coche en el parque cerrado, nos merecemos comer y beber algo. Yo llevo todo el día con una pera y dos powerade. Eso sí, esta vez no he cogido aire que me hiciera ponerme ronco y acatarrado porque el cristal de mi puerta no bajaba y estuve desde la ceremonia de salida hasta la rampa de llegada resguardadito en mi sillón, aunque también te digo que cuando escribo todo esto, unos días después del rallye, tengo un gripazo con homologación vigente.

Y nada más, como siempre dar las gracias a los patrocinadores por el apoyo, al equipo y familias por su trabajo y sacrificio, a mi padre por las fotos casi a tiempo real y también como siempre, especialmente en mi caso a mi mujer Leti, que ha sufrido mis ausencias para preparar el rallye, me ha acompañado en todo lo que ha podido y los dos días de la carrera se pasó todo el tiempo con Aroa en brazos allí donde yo estaba, ayudada eso sí por mi querida madre.
Lo último es dar las gracias a Jonathan Nuez por contar conmigo y confiar en mí. Él sabía que no hago de mecánico ni de comercial, pero que los relojes, papeles, lápices y notas los suelo controlar bastante bien, y eso fue lo único que me pidió, que hiciera bien mi trabajo. Creo que así ha sido.
La siguiente carrera no sabemos cuando será. El amigo Osmundo le está dando vueltas a correr el Maspalomas y llevarme con él. Ya se verá.
En la meta con las niñas. Leti de espaldas (foto Alexis Ortega). 
A partir de ahora toca seguir con la vida de siempre que se complica y nos pone trabas, pero que nunca podrá con nosotros, porque ningún problema es capaz de ganarte si te enfrentas a él.

Muchas gracias a tod@s por formar parte de la historia del rallye de Teror 2014. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

Previa del rallye de casa, todo Made in Teror, la carrera, el piloto, la fiesta...

Sirva esta entrada del blog más que nada para no dejarlo en el olvido, y de paso entrar en materia, ya que esto pretende ser una previa de lo que será la crónica del rallye de Teror.
Digamos que siendo fiel a la tradición y por no ser capaz de matar el gusanillo, este año 2014 volveré a correr el rallye de mi pueblo, o en eso estamos por lo menos. Si al final todo sale como debe, será la octava vez que pase esa rampa de salida. 
En un principio y así estaba pactado desde el inicio del año, mi intención era la de correr con el amigo Osmundo Ramírez los dos últimos rallyes de la temporada después de reparar la caja del rápido Renault 5 GT Turbo, pero las cosas se fueron complicando en el plano económico, así que la idea de inscribirnos en el Teror pasaba a mejor vida.
Hasta ahí todo más o menos normal dentro del mundo de las carreras, pero… no tanto. Resulta que dos días antes de que Osmundo me dijera que no podíamos correr, a mitad de julio más o menos,  me había llamado Jonathan Nuez para saber si tenía asiento para el Teror, ya que buscaba alguien con experiencia y si pudiera ser de la zona, diciéndole yo que tenía el compromiso con Ramírez y no lo iba a dejar colgado, por lo que le facilito el número de otro copi amigo que reúne los requisitos. Entonces cuando Mundo ya no salía y volviendo al orden cronológico del tema, llamo a Nuez para saber si el otro navegante le ha dado respuesta, contestándome que de momento no porque depende de otro piloto, pero que casi seguro le diga que no, por lo que le informo de que yo finalmente estoy libre y si lo estima conveniente podría correr con él. Al cabo de otros dos días, Nuez me comenta que el otro muchacho no está disponible así que a partir de ese momento y después de este pequeño embrollo, paso a ser el copiloto de Jonathan Nuez y su Renault Clio Williams para el Teror 2014.
Renault Clio Williams de Jonathan Nuez
Conste ya desde ahora que voy a correr con Nuez porque tengo ganas e ilusión y porque lo conozco desde hace años y sé que es un tío serio, y no porque su coche ahora esté consiguiendo buenos resultados. Lo que tenga que pasar pasará, pero no salimos a correr para ganar nada, sino para divertirnos y terminar, y si de paso se consigue algo bueno pues mejor que mejor, para el equipo y los patrocinadores.
Mientras esperamos por la ubicación del rutómetro tenemos que buscar solución al tema de los cascos y los interfonos. Si me has leído otras veces ya sabes que siempre quiero correr con mi casco, y ahora más que se acerca su jubilación, pero no concuerda mi conector con el de la centralita del coche. Tiramos de amistades y lo solucionamos, por tanto Jonathan puede correr con su casco y yo con el mío.
En los primeros días de agosto acierta a aparecer un patrocinador que se une al equipo, cerrando un acuerdo que incluye una fiesta racing y un sorteo que premia al ganador con subirse de copiloto en el coche durante unos tests en el circuito de Tarajalillo. Al final de esta entrada te haré la invitación oficial.
El 23 de agosto me “presento” por primera vez al Clio. Ese sábado vi el coche de cerca, ya que en las carreras en las que hemos coincidido, simplemente ha sido de pasada, aunque estuviera parado. Decir que todavía no me siento en mi lugar, más que nada porque no hay backet, ya que antes del rallye Jonathan va a correr las subidas de Fataga y San Bartolomé y no lleva ese sillón por descontar algo de peso. Ahora lo ahorra y para el Teror le va a sobrar por mi culpa. Menos mal que el 90% del recorrido es cuesta abajo.
Más o menos ahí iré yo
El caso es que sin poder sentarme, ya puedo ubicar mejor donde tendré que trabajar el sábado 27 de septiembre, y eso siempre viene bien para no tener que improvisar a última hora.
Decir también que a estas alturas ya hemos cogido las notas y las hemos revisado dando algunas pasadas. He de reconocer que a pesar de la experiencia y conocimiento del terreno (por las carreteras por donde discurren los tramos habré pasado 10 millones de veces),  al principio me costó bastante apuntar y sobre todo cantar la carretera tal como la quiere Nuez, ya que en mi cabeza residen desde hace años unos monosílabos tales como “y”, “en” o “se” que no caben en este sistema de notas y que mi boca se empeña en lanzar hacia fuera. Las primeras curvas iba medio perdido porque el sistema es totalmente nuevo para mí y no hago esta labor desde hace casi un año. Intento resetearme y concentrarme y creo que al final del trabajo he aprobado, aunque sea raspando el suficiente. Después de esa primera vez hemos ido alguna más, y cada vez tengo más por la mano las notas y la conducción de mi piloto, por lo que la comodidad crece y la calificación ha ido subiendo, siendo todo mejorable por mi parte.
Ahora toca esperar a que vayan pasando los días, mi barriga vaya bajando a base de running y “hambring” y que las subidas de montaña salgan bien para estar en las verificaciones de nuestra plaza del Pino con casi todas las garantías (todas no se tienen nunca).
Lógicamente a esas alturas ya me habré sentado en mi sitio, habré preparado todo mi arsenal de “cachos” para la carrera, tendré los arneses ajustados y si puedo habré sentido la velocidad que transmite el Clio, que según Jonathan no es tanto desde dentro como parece desde fuera.

Gracias a Jonathan por darme esta oportunidad, a Mundo Ramírez, a los patrocinadores que apoyan este proyecto, a mi familia, que ya es un poco más grande y mucho más feliz por la inclusión de Aroa en nuestras vidas y a ti por leerme y por venir (espero verte allí) a la fiesta que tendrá lugar el viernes 19 de septiembre por la noche en el Made in Teror, un cojonudo local de copas situado en la plaza de Sintes de Teror. Allí tendremos el coche y sortearemos artículos racing además de que alguien se llevará la posibilidad de subirse en el Clio acompañando a Jonathan, en marcha y rodando, no allí, claro.
Aquí nos vemos
Nada más, lo próximo será contarte como se vive desde dentro un rallye, otro, porque no olvides que sigo volviendo a las carreras… sin haberme ido.


miércoles, 1 de enero de 2014

Fin de temporada, inicio de otra etapa

Toca hacer balance final. 
No voy a ir resumiendo carrera por carrera, ya que cada una tiene su entrada en el blog y la puedes leer haciendo un simple clic en la que quieras, así que esto será un resumen de mis sensaciones dentro de las carreras durante todo el año, no sólo yendo de copiloto sino también de comisario de seguridad. A ver si me sale.
Después de haberme pasado unos años en el dique seco y que el 2012 se frustrara cuando prometía estar interesante, este año que acaba de terminar me traía la oportunidad de hacer un campeonato entero, en este caso el de los slaloms sobre tierra en Gran Canaria. La oferta venía hecha por Diego Guedes, un buen amigo de Ingenio que después de hacer algunas subidas de montaña con un coche prestado el año pasado, ahora decidió comprar un Toyota Corolla para intentar completar el año en la tierra. Al ser inexperto y querer tener tranquilidad, decidió que yo podía aportarle la dosis de experiencia suficiente. No me lo pensé demasiado, ya que tenía ganas de correr y me parecía una buena opción para seguir en activo.
Casi a la vez que se acercaba el primer slalom, me llamaban para comentarme que Osmundo Ramírez estaba buscando copiloto para hacer el Santa Brígida, en este caso de asfalto. Contactamos y nos pusimos de acuerdo para correr. Estos dos acercamientos han sido los que han marcado mi año, y si nada cambia, los venideros también, porque en caso de volver a correr dudo mucho que sea con alguien diferente a Diego y Osmundo, sin contar a Raúl Quesada o Miguel Quintino, a los que les debo mucho y para los que siempre estaré disponible si llegaran a necesitarme en determinado momento.
Las carreras de tierra se han desarrollado de menos a más, siempre teniendo cuidado de no romper el coche y teniendo en cuenta que Diego tenía que progresar poco a poco sin saltarse pasos. De no tener claro como apuntar las curvas, ir despacio, frenar y acelerar bruscamente y que el coche fuera el amo de la situación, cumplimos todo el proceso para al final hacer todo lo contrario. Diego ya domina el coche y aunque con la precaución de quien está empezando y corre con cabeza, ya todo está mucho más claro y podemos decir que acabamos el año al mismo nivel (segundo arriba, segundo abajo) que el resto de participantes que cuentan con coches y experiencia similar.
Las sensaciones por lo que a mi respecta han sido bastante buenas. Al principio ni cabía en el coche debido a la posición del sillón, pero una vez corregido eso ya estaba como en mi casa. Desde la primera curva de la primera carrera me mentalicé de que esta aventura no se trataba de apuntar y cantar notas nada más, sino que iba a ser un trabajo de psicología. Me refiero a que con un piloto con experiencia, pues tú vas a hacer tu trabajo y ya él conoce todo lo demás. En el caso de un piloto casi novel como era Diego había que trabajar sus nervios, y que poco a poco fuera aprendiendo a “sentir el ritmo” de las carreras. Cuándo nos ponemos el casco, cuándo nos vamos a la salida, cuándo se frena, cuándo se arriesga… en general todo lo que lleva este mundillo. Al final del año, cuando teníamos que correr más que nunca para lograr los objetivos no tuve ninguna duda de que lo podíamos hacer, y por eso en la última carrera me centré en darle confianza a Guedes para que pasara sin dudar por donde yo creía que se podía pasar a fondo. También lo hice a modo de test para comprobar y asegurarme de que todo el rodaje y el procedimiento de aprendizaje llevado a cabo en las anteriores pruebas habían dado sus frutos, y creo que el resultado es bueno. Está claro que se puede mejorar, que hay que ir un poco más rápido y seguir cogiendo confianza, pero ese ritmo lo dan las carreras y estoy seguro de que cuando Dieguín se vuelva a poner a los mandos del Corolla (o el coche que sea en la disciplina que sea) no le va a temblar el pulso.
A pesar de que el objetivo del año era claramente pasarlo bien y aprender, al final nos vimos luchando por el tercer puesto del trofeo de promoción para pilotos novatos que organiza la Federación, meta que cumplimos y de la que estamos muy orgullosos. Yo por mi parte estoy doblemente contento, ya que aparte del triunfo y haberme divertido bastante, se que Diego ha evolucionado, aprendido y disfrutado, por lo que mi trabajo creo que ha estado bien hecho, aunque seguro que en algún aspecto podemos mejorarlo.
Hablando ahora del asfalto, sólo dos incursiones en esa superficie este año. La primera en Santa Brígida con Osmundo Ramírez y la segunda en Teror a bordo del Lupo de Aridany Ojeda. 
En los dos casos disfruté bastante, aunque puestos a elegir me quedo con la prueba satauteña, ya que a pesar de los problemas mecánicos que tuvimos, fue una de las carreras en las que mejor lo he pasado en toda mi trayectoria como navegante. Mundo y su “soplillo” son un conjunto perfecto y formando parte de eso uno se siente muy cómodo. En aquel Santa Brígida volví a darme cuenta de que, como el titulo este blog, volvía a las carreras sin haberme ido. No estaba oxidado para cantar notas a todo trapo y seguía controlando los rutómetros, relojes y controles como hace unos años. Son cosas que no se olvidan, pero la inactividad hace a uno dudar de si mismo. Aparte del tema deportivo, en Santa Brígida hice un amigo para siempre. La química con Mundo surgió desde el primer momento y como si fuera un flechazo, me di cuenta de que si él quería y podía, sería mi piloto para el resto de los tiempos. Luego las circunstancias hicieron que el GT Turbo se quedara en el garaje todo el año, pero eso no quita que hablemos todas las semanas de volver a sacarlo “al ruedo”.
Del rallye de Teror hay poco que decir, ya que corrí de rebote (y porque Mundo me dio “permiso”) y el coche se rompió en el último tramo. Nada que no hayas leído ya te puedo contar. Me quedo con lo positivo, que fue volver a tomar la salida desde la plaza de mi pueblo y correr mi rallye, aunque no pudiera terminarlo.
También durante esta  finiquitada temporada he trabajado en varias carreras como comisario de seguridad, tanto dentro de tramo como en alguna salida o control stop. Nada nuevo que contar a este respecto. No compensa lo que nos pagan por todo lo que hacemos y lo que aguantamos, pero siempre voy con la mejor predisposición a hacer las cosas bien, y todo por ayudar a que los corredores estén más seguros y por echar una mano a mi deporte. A veces encuentras gente (aficionados o participantes) que te ayudan y colaboran cuando es necesario, y otras veces te molestan o te insultan, sacando uno siempre la misma conclusión: “no vengo más”. Pero luego llega la siguiente carrera y ahí estoy a las 6 de la mañana con el coche cargado de pancartas, mallas y cintas. Es lo que tiene ser un apasionado del motor. No es fácil despegarse de este mundillo.
Afrontando la recta final de este texto, no quiero olvidarme de felicitar a los amigos que este año han conseguido éxitos y de dar las gracias a quien de una manera u otra han hecho posible que yo haya podido disfrutar de lo que me gusta otro año más, y van dieciséis de comisario y trece de copiloto.
Para el año que viene afronto una de las carreras más complicadas e ilusionantes que puede haber, empezar a criar a mi hija copilotando a Leti, mi maravillosa media naranja. Ese será el objetivo principal del año y de mi vida, pero si Aroa (así se va a llamar) me lo permite y se dan las circunstancias adecuadas, podría ser que estuviera con el casco puesto en alguna carrera de asfalto o de tierra, o de las dos cosas.
Antes de terminar quiero hacer una reflexión relacionada con un tema que está muy en boca de todo el que se dedica de una u otra manera a las carreras, el rallye de Canarias. Vaya por delante que yo respeto en qué emplea cada cual su dinero, que para eso es suyo.
Sea por lo que sea, por desidia de algunos o fallos de otros, el rallye dicen que ya no puntuará para campeonatos internacionales y demás (aunque habrá que ver si eso se cumple). Hasta ahí vale, teniendo en cuenta que todos los que tienen que ver tendrán su parte de culpa y no todos cuentan la verdad completa, pero… que se hagan iniciativas para que la gente ponga dinero y así cubrir la parte del presupuesto que falta me parece de ciencia ficción. No es que la historia se haya creado, sino que la gente lo aplaude y lo ve con buenos ojos. Me cuesta creer que la ignorancia sea tanta como para que en unos tiempos donde nuestros propios vecinos o algún familiar nuestro viven medio mes con la nevera completamente vacía y haya niños que salen al recreo con las manos en los bolsillos porque su madre no tiene para un paquete de galletas, la gente ponga dinero de su bolsillo para que se haga un rallye, pagando la afición el transporte de los equipos europeos, que encima son los que más dinero tienen. Si a todo el mundo le sobran esos 5€ que piden para el rallye, que se los den a los Servicios Sociales de su Ayuntamiento, y si no se fían, que junten todos los billetes que su grupo de amigos aficionados al motor quieran poner y hagan una compra en el super para luego dárselas a quien de verdad necesita ese favor. Dicen que con 120 mil euros está el rallye “donde se merece”. Con ese dinero comen 20 familias durante cinco años. Entiendo que entre todos no vamos a acabar con la crisis ni resolver los problemas de la gente, pero entonces tampoco pretendamos sacarle las castañas del fuego a Monzón y Paulino, porque si no voy a solucionar el problema de mi vecino en paro, menos voy a hacerlo con el de dos personas adineradas, por mucho que tengan que ver con el deporte que tanto me apasiona. Como ya dije hace unas líneas, cada uno usa sus euros como quiere, pero también debería usar su sentido común y su consciencia. Ojala el rallye se haga y valga hasta para el WRC si hace falta, pero que el dinero que nos piden a nosotros lo ponga cualquier grupo hotelero por ejemplo, que factura esos veinte millones de las antiguas pesetas en dos semanas llenos de guiris, o un banco potente, que si tienen para la fórmula 1, tendrán para este tema, también por ejemplo.
Nada más, muchas gracias de nuevo por pararte a leer las historias de un humilde aficionado a los rallyes metido a hacer muchas cosas dentro de ellos. Te deseo que el año que ahora entra venga lleno de buena suerte, pero no te olvides de que para que las cosas salgan bien, hay que ponerle ganas a la vida.



sábado, 14 de diciembre de 2013

III Slalom CDIC 2013. De azul y con gomina.

Vuelvo al teclado para contarte esta vez la última carrera de la temporada, que tuvo colofón final con la gala de entrega de premios de la FALP.
En el último slalom había que volver al circuito de Jinámar para refrendar lo hecho durante el año, que no era otra cosa que intentar amarrar un buen resultado para obtener el tercer puesto del campeonato de promoción. En principio, si mis cuentas no estaban mal, con quedar por delante de los muchachos del Polo (que esta vez salían con un 205) el trabajo estaba hecho.
Al haber llovido mucho los días previos a la carrera, la famosa curva de la afición está anegada de agua, por lo que lo más probable es que se recortara esa zona para que no tengamos que pasar. Entre eso y la variante que a veces hacen en la zona del centro, no estaba claro por dónde tendríamos que correr, y para no andar con agobios el domingo por la mañana, el día antes nos damos un salto al circuito para echarle un vistazo desde fuera. Al llegar, la sorpresa es que está todo delimitado con taludes y montículos y que el trazado está abierto para todo el que quiera darse un paseo por el, por lo menos caminando, así que saco la libreta que había llevado por si acaso y ya que estamos allí, nos hacemos una rutita de senderismo por la zona de abajo, que al final era casi lo único nuevo, porque el resto coincidía con lo que se había corrido en mayo, y la parte del asfalto y alrededores es siempre lo mismo. En poco más de media hora tenemos el trabajo hecho y hemos ganado algo más de tiempo para dormir al día siguiente. Cierto es que a pesar de ya tener las notas cogidas, esa tarde tengo que pasarlas a limpio, porque tenía algo mezcladas las del slalom de mayo, las de septiembre y las que había cogido por la mañana. Estaban bien organizadas y delimitadas, pero preferí hacerlas nuevas. Maniático que es uno.
Esta vez nos asignan el 37, número más alto que de costumbre debido a la participación de equipos de otras islas al puntuar esta carrera para el campeonato autonómico. Por culpa del mismo “maniatiquisimo” que te dije antes decido que esta vez voy a correr con el mono azul. Había salido todo el año con el rojo, pero en la última carrera nos tuvimos que retirar. El rallye de Teror lo hice con el blanco y abandonamos, así que ahora opté por el azul, que no usaba desde 2009, llegando a meta con él en la última vez que me lo puse. Por todo eso, confiaba en que este mono (o funda de mono como dice Larrodé) me trajera algo de suerte, y creo que así fue. Y sí, tengo tres monos, es lo que tiene haber corrido una tonga de años.
Nuevo soporte para los cascos
Antes de la salida, Diego está bastante nervioso porque resulta que el fin de semana anterior a la carrera había ido a probar el coche después de reparar la avería que nos dejó tirados en Pozo Izquierdo, y un montículo se le puso delante y el Corolla se dio una vuelta…de campana. No pasó nada, solo unos escachones y poco más, pero Guedes se había quedado con una mala sensación. Era el momento, en la cola de la salida para la primera manga oficial cuando, como tantas otras veces con casi todos los pilotos con los que he corrido, de disfrazarme de psicólogo. Por si alguien no lo sabe, la labor de un copiloto, sea de la modalidad que sea, es 50% ser copiloto mismamente, y el otro 50% ser psicólogo, y a veces esos porcentajes se desnivelan en contra del copilotaje en sí.
Le digo a mi piloto que esté tranquilo, que venimos a pasarlo bien y no a coger nervios. Si hay que cogerlos se cogen, pero tenerlos ya dentro de uno mismo, no. No me refiero a las mariposillas de la barriga que siempre se tienen antes de la salida al primer tramo. Hablo de unos nervios que nos ciegan y que no nos dejan disfrutar del momento.
El caso es que mi charla funciona, porque corremos más que nunca en todo el año. Los tiempos no son para ganarle a los evos, pero estamos en la pelea por los puestos altos de la promoción y rozando el podium de la clase. La gente que está viendo la carrera comenta que por primera vez en todo el campeonato se nos ve pasar rápidos y al mismo nivel que casi todos los coches de la lista. Hasta mi amigo Raúl Quesada, que es un enfermo y todo lo que sea ir a menos de 120 le parece lento, me dice que nos vio rápidos y por el sitio.
A mitad de carrera tenemos mucha ventaja sobre nuestro principal rival, así que el trabajo está ya casi hecho, pero casi no es del todo. 
Foto: Motor2000
En el cambio de sentido volvemos a ir rápido y antes de la última manga hay que usar mucho la cabeza. El trazado esta muy roto, con partes donde incluso es hormigón puro sin rastro de tierra. Le llevamos mucha ventaja a Omar, así que la única premisa es terminar la carrera sin volvernos locos. Seguramente perderemos el tercer puesto de la clase 4, pero no nos importa porque eso no vale para casi nada. El uso cerebral funciona y sin cometer riesgos conseguimos el objetivo, que encima se ve reforzado por un tercer puesto en el promoción de esta carrera. Mejor final de año no se puede pedir, pasando la pancarta de meta con un frenazo como los que hacíamos a principio de año porque Dieguín me hacía caso a rajatabla cuando le decía que aflojase después de meta. Ahora lo hizo de cachondeo a modo de celebración. Él no es de muchas palabras dentro del coche, pero cada vez que terminábamos una manga me apretaba la rodilla con un gesto de “todo está saliendo bien”. Valga aquí el refrán de que una imagen (dos gestos en este caso, frenazo y apretón de rodilla) vale más que mil palabras.
Me hizo gracia un piloto al que le íbamos ganando en las tres primeras mangas, (pero que terminó delante porque como ya te dije, en la última nosotros fuimos de paseo) que vino a decirme que en las tres primeras no tenía “fili” (textualmente, supongo que se refería a feeling) y que la última “con el circuito así de duro fui como un disparo y terminé en mi sitio”. Nada le dije pero... amigo, si terminaste ahí ese es tu sitio, pero si nosotros corremos un poco más en la manga final, tu “fili” seguiría siendo malo y tu sitio un poco más abajo.
Antes de que se me olvide, y para terminar con el resumen del slalom, quiero destacar dos cosas. Una lleva ocurriendo todo el año pero a la hora de escribir nunca lo tenía presente, siendo bastante curioso. 
El volante del Corolla es regulable en altura, y Diego antes de cada manga, en la cola de salida, lo sube y lo baja cuatro o cinco veces. Eso siempre me vale para decirle cualquier chorrada al respecto y así le quito un poco los nervios. La explicación lógica no es que él esté con probaturas a última hora, sino que para subirse al coche tiene que poner el volante muy alto para poder entrar, y luego una vez sentado y con el arnés apretado, pues lo lleva otra vez a la posición de conducción.
Lo otro destacable y para apuntar en el mérito de Guedes es que en la salida de cada manga ajusta al máximo la arrancada para no perder ni una décima. Casi el reloj no ha pasado de 1 a 0 y ya estamos en marcha, jugándonos la penalización. Lo tiene muy bien controlado y me parece que es una buena costumbre, teniendo en cuenta que otros esperan incluso a que se apague el 0. 
Al final de la carrera, puesto 25 de 39 que terminamos, cuartos de la clase 4 (a 2 segundos del piloto sin fili) y terceros del promoción. No está nada mal.
Recogemos nuestro premio (no sin que el presentador se equivocase dos veces, haciéndome dudar) y con eso queda el año oficialmente terminado, ya que nuestra participación en el rallye fórmula iba a ser un mero trámite, sin ganas ni interés por nuestra parte. De hecho nos apuntamos para correr porque Diego quería pasar por la zona de asfalto que pega con las asistencias para parar a saludar a nuestro equipo, cosa que le quité de la cabeza, convenciéndolo de que con tocar la pita al pasar por allí era suficiente. Y la tocó, y nos reímos.
Luego esperamos a que terminara todo el rallye fórmula para volver a casa. La seguridad corría a cargo de mis compañeros de Aterura y que menos que estar allí apoyando hasta el final, y además de paso veía la carrera.

A los pocos días de habernos quitado el casco, tocaba engominarse (Diego no) para ir a la gala de premios de la FALP a recoger lo que nos tocaba, el trofeo de terceros clasificados del campeonato de promoción de slaloms 2013, y allá que nos fuimos.
La gala fue un poco aburrida (como suelen ser siempre), alargada en demasía por las múltiples y para mi gusto desafortunadas intervenciones de uno de los presentadores. En cualquier caso había que estar, y nos llevamos a casa un bonito y original trofeo en el que mi nombre está bien escrito en la placa (fue lo primero que miré al recogerlo), cosa poco usual por otra parte pero de la que me alegro. Me hizo especial ilusión que me lo entregara el amigo Jose Guerra porque sé de buena tinta que ha trabajado mucho durante el año y es uno de los pocos que están en los rallyes currando a tope.
El trofeo

Pues nada más, para terminar agradecer a los patrocinadores del equipo que han hecho posible que hayamos corrido el campeonato entero: PMR Automoción, El Drago Padel Club, Peluquería Delia Herrera, Sandez Automoción, Rodriauto Carrizal y el recuerdo a mi suegro con Las Cabras del Negro.
También a todo el equipo que ha estado ahí todo el año trabajando y apoyando. No los nombro porque seguro que me olvidaría de alguien, además somos un grupo en conjunto, y mejor eso que individualidades concretas, aunque si se debe puntualizar en el agradecimiento a Diego por compartir de nuevo esta carrera conmigo, y como no, a nuestras familias, especialmente por la parte que a mi me toca a mi maravillosa mujer Leti, que a pesar de tener que ir a todos lados cargando con nuestra futura Aroa, siempre está a mi lado para que todo salga bien.
Desde que tenga un hueco volveré a escribir para hacer un resumen global del año, sin entrar en muchos detalles pero para valorar las 7 carreras que he tenido el placer de disputar en este 2013.

Por si acaso ese resumen llega después del 25, aprovecho para agradecerte que hayas perdido un ratito de tu tiempo para leer esto, desearte una Feliz Navidad y recuerda que uno mismo es superior a sus miedos, y la única forma de tumbarlos es yendo a por ellos.

domingo, 27 de octubre de 2013

Slalom Pozo Izquierdo 2013. En el centro de la tierra.

La temporada va tocando a su fin, y con ella se acabarán también las entradas en el blog, por lo menos las que hablan de carreras en primera persona. 
Esta vez me he demorado un poco en el tiempo para escribir y publicar la crónica del último slalom, pero no he tenido tiempo antes para poder hacerlo.
Nos situamos en Vecindario, concretamente en la playa de Pozo Izquierdo, para hacer los entrenamientos oficiales, ya que los libres se habían desarrollado durante toda la semana. No está claro que se pudiera o que no, porque al ser un lugar público y abierto y al no haber publicado reglamento de la carrera, pues en ningún sitio decía que no se entrenara. En cualquier caso, que algunos se aprovechen de ese vacío legal quizás sea cosa de listos, ahora que lo hagan usando los coches de carreras...es de carotas. Fíjate como estaba el patio que la organización tuvo que aclarar en el programa horario (que por cierto se publicó el día antes de la carrera) que los reconocimientos controlados del sábado tenían que ser con coches de serie. No llegan a decirlo y más de uno y de dos se planta allí con su vehículo de competición. En fin, cosas raras que pasan de toda la vida en ese slalom.
En esos entrenamientos oficiales se vivió una cosa dantesca. Al tener que reconocer en los dos sentidos del trazado y no estar la cosa organizada en caravana con un coche de organización delante y otro detrás, pues aquello era un descontrol total. Coches a fondo para todos lados, una polvajera impresionante, saltos a la vez para los dos lados (lo más peligroso que me he echado a la cara en los rallyes) y sin número de pasadas estipuladas, por lo que algunos dieron 5, otros 4 y los que dieron la vuelta en medio antes de llegar a las salidas y metas pues bastantes más. Cuando el organizador se cansó de tragar polvo fue diciéndonos que nos teníamos que ir. Nosotros habíamos ido con un Corsa que Diego alquiló barato para no tener que meter allí su coche de diario, por lo que íbamos como en una pista de hielo. No sé si era la presión de aire de las ruedas o la suspensión, pero pasamos aquel rato flotando por el barranco. En algunos momentos fue hasta divertido, pero solo en algunos. 
Al día siguiente, otra vez "pabajo". Encima amanezco malo de la barriga con una crisis de esas que me dan (los que me conocen saben de lo que hablo) que me va a durar todo el día. Antes de llegar "al windsurf" tengo que parar en una gasolinera a evacuar. Igual que paré allí podía haberme arrimado en cualquier cuneta, porque cuando la cosa aprieta... 
La carrera en sí era bastante divertida. El coche de carreras es mucho mejor montura que el de alquiler de ayer y los botes y piedras apenas se notan. Vamos de menos a más, corrigiendo algunas cosas y aprendiendo sobre la marcha. Para Guedes es la primera carrera fuera del CDIC (El Pajar no cuenta) y tenía que ir haciéndose al paño poco a poco. Al terminar el primer sentido no vamos mal, aunque se puede mejorar. A los dos nos gusta más hacia el otro lado y ahí esperamos que los tiempos nos acompañen un poco más, aunque como digo la historia no iba mal. 
Foto: motor2000
Como ya saben, en esta carrera siempre hacen un salto asombroso que para verlo desde fuera y sacar fotos es bonito y espectacular, pero para ir dentro del coche que vuela es un poco angustioso. Hay que tener en cuenta que si vuelas mucho, al caer puedes destrozar el coche. Ya no digo romperlo, sino destrozarlo. Es por eso que nos tomamos nuestras precauciones al afrontarlo pero aun así, el coche salta bastante, o eso parece por lo menos desde dentro. No está uno acostumbrado a volar y las décimas de segundo que pasas en el aire y la posterior caída dan un poco de cosa. A mi curvas, baches, pasos estrechos, rectas largas, paellas, horquillas, etc, dame las que quieras, pero los saltos cógelos pa ti.
En la última manga, cuando mejor lo estábamos pasando y mejor clasificados íbamos, el coche dejó de correr. La sensación que me dio fue que habíamos partido un palier, porque el motor estaba en marcha, pero no había tracción. Avanzamos unos metros y pensé que quizás pudiéramos llegar a la meta aunque fuera despacito. Faltaban más o menos dos kilómetros. Luego vi que no sería así y decidí bajarme dándonos por retirados. Durante unos cuantos coches tuve que avisar a los compañeros de que pasaran por el otro carril, ya que el comisario se puso con la bandera en el lado contrario, y los pilotos al verlo se hacían "pacá", y luego al verme a mi y nuestro coche, volvían "pallá". Ese mismo comisario super espabilado me dijo que al final de la manga me mandaba la grúa que tenía allí en su cruce. Todavía estoy esperando que señalice bien y que me mande la grúa, aunque lo que más estoy esperando es a encontrármelo a él. Cuando vi que era un peligro seguir allí para el paso de los coches grandes (salíamos de en orden inverso) decido que hay que bajar el Corolla por un medio terraplén y quitarnos de en medio. Allí vemos terminar la carrera y esperaremos a la grúa...que nunca vino. Por cierto la avería resultó ser la rotura del volante de inercia, por lo que ni la caja ni los palieres sufrieron nada y el gasto en reparación será bastante poco.
Mientras pasan los coches que quedaban, me pongo en contacto con la organización y la federación para que (aunque era la última manga y no tienen obligación de hacerlo) me mandaran la grúa de la prueba para no quedarnos allí tirados. Al final, entre la organización y el gruísta se pasaron dos o tres veces la pelota y nosotros nos quedamos allí dos horas rodeados de moscas y polvo hasta que pasó un trialero de 4x4 con un "big foot" y nos remolcó de mil amores. El hombre estaba privado amarrando eslingas y usando su máquina para la ocasión. Gracias que pasó y se prestó, porque si no, es posible que se nos hubiera hecho de noche allí, en el título de esta entrada del blog.
A todo esto, como era la última manga y las normas de los slaloms son así, se nos asigna un tiempo y figuramos en la clasificación provisional, y así puntuamos para el trofeo de promoción y de la clase 4, de la que aun con todo terminamos terceros.
Sobra decir que a la entrega de trofeos no llegamos, pero si que fuimos al parque cerrado final para cumplir con lo reglamentado y poder así figurar en la clasificación oficial final. Nuestras esposas recogieron nuestros trofeos (por participar y por 3º de la clase 4), aprovechando la ocasión para decirle cuatro cosas bien dichas al organizador por no mandarnos la grúa a buscarnos, que repito, aunque no fuese su obligación por ya haber acabado la carrera, era un gesto de humanidad.
Al final entre unas cosas y otras terminamos a las 18:00 horas, y estábamos allí desde de las ocho de la mañana, más los entrenos del día anterior y las verificaciones administrativas del viernes. Demasiado tiempo empleado en un slalom. He corrido rallyes de asfalto en los que he invertido menos horas. 
No quiero dejar de acordarme de mis amigos Raúl Quesada y Pedro Domínguez, que tuvieron que retirarse por rotura de palier y caja del AX cuando iban rodando en la parte alta de la clasificación, y también de Edu González que terminó segundo clasificado acompañando a su piloto para seguir rematando una temporada genial por su parte.
Como decía en la introducción, todo esto está terminando. Si no hay novedad me queda una carrera para cerrar el 2013. Será la última del CDIC de Jinámar el 8 de diciembre. En Maspalomas no salgo. Aun estoy esperando un aviso después de un mensaje que decía "yo te aviso". 
Ese último slalom puede ser también mi última carrera en general, ya que el año que viene mi casco estará caducado (no compraré uno nuevo porque no son ni siquiera medio caros sino carísimos) y a partir de mayo tendré una cosita pequeña a la que dedicarle mi tiempo. De todas maneras ya se verá, porque después de tantos años viviendo esta pasión no creo que se me quite así de buenas a primeras. 
Muchas gracias de nuevo a ti por leerme, a Dieguín Guedes y su equipo, a los patrocinadores y a mi maravillosa mujer. Ah, y gracias también al comisario inútil y mentiroso que no sólo no le dijo al gruísta (que estaba a 200 metros de nosotros) que nos sacara de aquel agujero sino que nada más pasar el último vehículo se marchó corriendo en su Seat Inca morada (si amigo, no te creas que no se quien eres, que en los rallyes nos conocemos todos). Puedo parecer rencoroso en este punto pero no es así, solo que si me quedo dos horas en un barranco por donde no pasa ni el aire (y un 4x4) por haberme dicho mentiras, me suele dar coraje.
Lo dicho, hasta la próxima. Recuerda, haz las cosas bien sin mirar a quien, porque debajo de un peto, de un mono o de un uniforme, todos estamos desnudos y somo iguales, y como dice un amigo "no somos nadie, y desnúos menos". 
Saludos. 

jueves, 3 de octubre de 2013

Carretones y rallye de Teror 2013. Fiascos a domicilio.

Volvemos a ponernos delante del teclado, esta vez para contarte rápidamente lo acontecido en los carretones de Teror, y para explayarme un poco más en el rallye también de mi pueblo.
La carrera de carros la resumo diciendo que en las dos mangas de entrenamientos del viernes por la noche fuimos los más rápidos en una y casi los más rápidos en la otra, todo a percepción de la gente porque esa noche el crono no se ponía en marcha. Destacar que en la primera bajada batimos el récord de distancia en el famoso salto de la meta. La primera tirada del sábado era solo para establecer el orden de la segunda y definitiva. En esa inicial hicimos el mejor tiempo, con récord del trazado y asombrando a propios y extraños. En la segunda decidimos frenar un poco antes de la primera chicanne ya que en las anteriores habíamos arriesgado demasiado. Conclusión de haber frenado: se aminoró el riesgo pero se empeoró el tiempo, por lo que después de haber sido los más rápidos en el global de las cuatro mangas, con plusmarca en tiempo y salto, no ganamos nada porque la única manga que contaba para algo era la última, en la que nadie batió el tiempo que nosotros teníamos, pero que no nos sirvió para nada. En fin, eso demuestra el sentido de una frase que pronunció hace años el francés Jean Ragnotti: "sólo freno cuando veo imposible pasar a fondo" y aquí se podía pasar a fondo.
Vuelo sin motor, literal.
Dejando aparcados los carretones hasta por lo menos el año que viene (en las carreras que le quedan a mi cuñado no puedo ir con él por diferentes motivos), paso ahora a contarte lo más breve posible pero sin dejarme nada atrás lo vivido durante el rallye de Teror. 
La aventura empezaba cuando el mismo día del último slalom del CDIC recibía una llamada de Aridany Ojeda ofreciéndome correr con él. De manera muy directa y sincera me informa de que ha llamado a varios copilotos pero por unas cosas o por otras todos han declinado su oferta, por lo que recurre a mi como último remedio, más que nada porque no se había acordado de mi existencia y libertad, dada esta por la avería del coche de Osmundo. Le dejo claro mis condiciones para entrenar (poco y cuando mi trabajo me lo permita) y cuadramos unos días para ir la última semana de plazo legal. Nada que contar de esos días, ya que todo es normal con las notas y los tramos. El piloto está conforme y el copiloto también.
Como ya estaba claro que iba a correr y por lo tanto no iría con mis compañeros de Aterura a hacer la seguridad del tramo, decido ayudar a Falcón a colocar todos los "cachos" necesarios y a explicarle a la gente la historia el día de la reunión semanal. También tengo que hacer de "guía turístico" al montón de pilotos y copilotos que me llaman y preguntan por la ceremonia de salida y demás parafernalia del viernes y por el multiparque de trabajo del sábado. Lo hago todo de buena gana por ayudar a la organización de mi rallye...hasta que sale la lista de inscritos y veo que nos han enterrado en la misma y me llevo una decepción. Vale que Ari no ha ganado campeonatos y que este año sólo ha hecho el Santa Brígida, pero el orden de los coches da pena, habiendo incluso semi-debutantes en la zona alta o gente que ronda los 15 primeros en la parte trasera. Ya no es que me queje sólo yo, es que en las administrativas fueron varios los que presentaron solicitud de reubicación, no siendo aceptadas.  Este mal en hacer el orden de salida de los rallyes es una lacra que dura ya varias temporadas, y nadie sabe si es por dejadez o por desconocimiento, aunque yo me atrevo a decir que es por las dos cosas. 
Volviendo a la acción, me gustaría comentar que me llamó la atención lo pequeño que es el coche en el que voy a correr, que por si alguno no lo sabe es un VW Lupo. Al probarme los cintos el jueves por la tarde me doy cuenta de que el espacio es poco pero bien distribuido, por lo que a pesar de ser un coche chico, es cómodo. 
También probando los cascos vuelvo a descubrir que mi casco no va a poder usarse tampoco en este rallye, ya que la centralita de interfonos es de otro modelo y el conector que tengo sigue sin funcionar. Es por esto que tengo que recurrir al amigo Osmundo Ramírez para que me preste el suyo. 
Una vez pasadas las verificaciones sin demasiadas complicaciones ni pegas, aunque si con alguna "investigación" a algunos elementos del coche, me dicen que si quiero ser el speaker de la ceremonia de salida. Evidentemente después de haber trabajado durante la semana para el rallye y recibiendo la recompensa de estar en la parte baja de la lista, no me apetece seguir sacándole las castañas del fuego a la organización, por lo que hablo con Vicente Travieso para hacerlo entre los dos y si puede ser, él mas que yo. De hecho es que tengo que pedir permiso para hacer la ceremonia con mi coche sin el mono puesto, cosa que ya me parece una falta de respeto a mi piloto y los demás. Hago lo que puedo turnándome con Travieso y al terminar me doy cuenta de que el refrán de "no se puede estar en misa y repicando" se cumple, ya que tengo la cabeza en otra cosa y en vez de un presentador medio experimentado como soy, parezco un novato puesto de improviso porque no había otro. 
Llega el día de la carrera y lo primero que hago por la mañana con mi coche es calcular el tiempo que se tarda desde la asistencia en la plaza de Sintes hasta el control horario de salida, situado en "la barraca" de San Matías. No es un parque de trabajo normal, por lo que hay que tener claro el tema del reloj. Muchos no lo calculan y llegan "con la lengua fuera".
Posando  con Ari 
Momento ahora para contar cosas de los tramos. 
En San Isidro 1, llegando al km 4 en el barrio del Ojero, vemos a un comisario agitando la bandera (que significa parar porque no se puede pasar) pero a la vez vemos a la gente haciendo señas de que pasáramos por el carril izquierdo, por lo que le me fío más de la gente y le digo a Ari que pase con cuidado y vemos el Porsche 911 de grupo H empotrado contra un muro de piedras en una curva que tiene un bote bastante jodido. Al pasar la meta y quitarme el casco pienso que la seguridad de este tramo estaba un poco floja, ya que nadie nos dijo en la salida que había un coche accidentado que ocupaba media carretera y luego el comisario agitaba la bandera en vez de ponerla estática. 
En el siguiente tramo saludo a mi mujer, mis cuñados y demás familia en el cruce de Fontanales. Yo los veo a ellos y ellos me ven a mi, lo que me llena de orgullo y alegría, para no repetir la frase típica del rey.
Paso por el parque de trabajo donde se revisa todo y seguimos. El coche va bien aunque el morro va un poco en el aire, nada grave.
En la salida de Los Llanos el jefe de tramo me dice que "hay un charco de aceite en el punto kilométrico 4,1".  Lo apunto en mis notas y salimos. Al pasar por el sitio indicado no hay comisario ninguno, estando la bandera señalizando bastante más arriba. El problema es que después de eso vamos viendo el reguero de aceite...hasta la meta, así que decidimos no arriesgar por si acaso patinara más de la cuenta. El aceite resultó ser del Clio de Jonathan Nuez que tenía el tapón del cárter mal cerrado y no se dio cuenta de nada hasta que se quedó frito, mala suerte para los paisanos. El caso es que el jefe de tramo dijo que era un charco, y realmente eran casi tres kilómetros. Es verdad que la gente mejoró sus tiempos por lo que se ve que no aflojaron, pero nosotros no íbamos a jugarnos nada allí y decidí no apurar al piloto por si acaso. No voy a rajar mucho sobre el jefe de tramo y su equipo, pero debería hacerse mirar (o la FALP decirle algo) que casi siempre que hay cosas mal hechas están ellos por medio. 
En el nuevo paso por Juncalillo-Monte Gusano se desprende en un bache una consola del tablero del coche, que molesta a Ari para cambiar de marchas, así que tengo que ir 12 kilómetros agarrando la libreta con una mano y la consola con la otra. Todavía no tengo claro como me las ingenié para ir pasando las páginas. 
A mitad de rallye vamos bien, entre los treinta primeros y con el coche sano.
Fotón de Rayco Suárez
La segunda parte va a llevarnos a la cruz. En Las Emisoras el coche va como ahogado, no corre como debe y hasta casi la recta larga llegando al final vamos bastante despacio. Algo no va bien. 
En el tramo largo la cosa va mejor, aunque escapamos de romper algo (o eso creíamos) en un bote grande que cogemos al cortar una curva llegando al cruce de Montaña Alta. En ese mismo tramo, antes de meternos en la zona estrecha de Lomo Rivero veo que hay un coche delante. Lo alcanzamos a mitad de subida y... da marcha atrás!!!!. En aquella zona no caben dos coches asi que Ari se tira por la izquierda y con medio Lupo por encima de las zarzas y las retamas adelantamos el Starlet de Bernardo. Lo único que me salió decirle fue "si señor, con dos cojones". Luego supimos que estaban intentando arrimarse para dar paso, pensando que todavía no los íbamos a alcanzar. En ese mismo tramo, que fue el que nos dio por saco como ves, a dos kilómetros de la meta el coche deja de correr y hace como a pararse. Ari dice que no tenemos gasolina, así que afloja el ritmo para no gastarla y poder echar en Artenara... si es que llegamos. Tremendo suplicio fue subir de Jucalillo a Los Garajes. En las curvas de izquierda se paraba el motor y en las derechas daba cabezazos. Visto lo visto y que parecía que allí nos quedábamos, usé la táctica que me enseñó mi amigo Raúl Quesada: acariciar el tablero y decirle al coche "vamos colega, vamos". Funcionó. En Artenara llenamos el tanque y pudimos seguir. Igual te estás preguntando cómo es posible que se acabara la gasolina. Nosotros también nos hicimos esta pregunta, porque a pesar de que la aguja estaba rota y no marcaba, nos parecía imposible que se bebiera un tanque en menos de cien kilómetros. 
En Las Emisoras vuelve a correr poco, achacándolo a la altitud, porque luego se le quitaba.
Tocaba hacer el último tramo, 16.000 metros hasta la meta y bajar a Teror. Quedamos en ir con calma y por mi cabeza pasa la idea de que si no se ha roto nada con toda la leña que le hemos dado durante el día, y si escapamos de lo de la gasolina antes, creo que ya está todo hecho. Craso error. A poco de salir, en un bote minúsculo que ni estaba en las notas, el coche deja de traccionar y Aridany me dice que se acaba de partir un palier. No me lo puedo creer y le hago asegurarme que nos tenemos que retirar, pero él que ha sufrido esa avería muchas veces no tiene dudas. Al llegar al cruce de Montaña Alta nos salimos del trazado y abandonamos. Teniendo en cuenta el momento de la rotura, supongo que dicho palier venía sentido del bote grande la primera pasada por allí, porque me cuesta creer que un eje de ese grosor se parta de cuajo en aquel bache tan pequeño.
Llamamos a la grúa, avisamos a las familias de que estamos bien y se acabó. Ari baja en punto muerto hasta Guía para que lo recojan allí, y yo me subo en el coche escoba para regresar a Teror y así mi piloto no tener que venirme a traer después de descargar el coche en El Toscón. 
El día termina en medio de una rasquera rara por no haber podido terminar el rallye de mi pueblo. No se si será mi ultima participación en él, así que quería llegar a la rampa final. 
Cruce Fontanales con Leti grabando al fondo. Foto: chicharraenmano
Las conclusiones positivas son varias, como por ejemplo que a pesar de ir en un coche nuevo y con piloto nuevo, sigo desarrollando mi labor de copiloto de buena manera, quedando el piloto contento con mi trabajo. Esa es una buena recompensa, además de que me divertí bastante, sobre todo en la zona de Monte Pavón donde el Lupo va de lujo.
Nada más, como siempre dar las gracias en este caso a Aridany Ojeda por llevarme con él, al equipo de A.R.I. MotorSport, a Mundo por prestarme el casco, a Carol por tenerme al día de como le iba a Raúl y Perico en Llanes, a mis padres que llegaron de viaje y fueron directos a la asistencia, a Leti que a pesar de estar encinta (y en cd también :D) no dejó de ir a los tramos a verme pasar y a Tavo, Pris, Geno y Jorge por cuidarla todo el día, a los amig@s que se interesaron y a los muchachos de Aterura que se pasaron 14 horas en un tramo para que los participantes estuviéramos seguros en la carrera. Mención especial aqui para Falcón e Isma Marrero, cada uno por diferentes circunstancias. 
Con mi padre, siempre apoyando
Por último y para despedirme, una reflexión que me ronda la cabeza desde que se publicó la lista de autorizados a salir y que me dio que pensar más aun cuando terminó el rallye por un rollo de la RS. ¿Para qué están los Comisarios Deportivos? Reglamentariamente se sabe lo que tienen que hacer, ahora que lo hagan... es otra cosa.
Saludos. Nos vemos en Pozo Izquierdo a mitad de octubre en el Corolla y recuerda confiar en ti porque si otras veces lo has hecho bien, ahora también lo harás. 


jueves, 19 de septiembre de 2013

II Slalom CDIC 2013. Progresando por la gorra.


Después de varios meses sin dedicarnos a las carreras tocaba ponerse las pilas de nuevo y prepararnos aunque solo fuera mentalmente para volver a ponernos el casco. Es cierto que la bajada de carretones en Firgas sirvió para mantener el gusanillo entretenido pero, aunque se va rápido, no es lo mismo. No es peor ni mejor, simplemente es diferente.
El caso es que la actividad de los slaloms en Gran Canaria se retomaba con la segunda carrera en la Ciudad Deportiva Islas Canarias de Telde, que viene a ser lo mismo que el circuito de Jinámar, de toda la vida.
Una vez publicada la lista de inscritos con todos los datos correctamente (sí, de vez en cuando ponen mi apellido bien) no había nada más que hacer que apuntar la zona nueva del trazado y correr. Eso en lo que a mí se refiere, porque Diego y todo el equipo siempre están alrededor del coche buscando mejorar, cosa muy de agradecer porque la verdad que se nota cuando un coche está cuidado y al día y cuando no.

Como decía, después de apuntar las tres curvas que no teníamos y revisar lo demás, nos disfrazamos de copiloto, escuchamos la charla previa y a correr.
Nada más subirme al coche noto que suena diferente y estoy muy cómodo. Ya ni me acuerdo de la primera carrera en El Pajar, donde casi me “esnunco” de lo mal sentado que iba.
Manga de entrenamientos saliendo desde la grada. Con el trazado acabado de regar y con las lluvias que habían caído los últimos días, bienvenidos de nuevo al rallye de Gales. Comprobamos que las notas estén bien y listo. No pongo ni el crono porque quiero que Diego se tome las mangas de entrenamientos como calentamiento pero sin agobios. Cuando nos toca salir a la primera oficial me doy cuenta de que mi piloto no se ha bajado del coche desde que se subió antes, cuando yo ya me recorrí medio “paddock” hablando con unos y con otros. Eso es buena señal, está centrado en el tema. La primera vuelta sale bastante bien, aunque con cosas que mejorar. Ya se nota que hay confianza en las zonas rápidas. Hay menos barro debido al paso de los demás coches, aunque el asfalto patina demasiado para mi gusto. En la segunda manga para el mismo lado tengo claro que voy a apretar un poco más en el ritmo y la entonación, a ver hasta donde podemos llegar. Nos sale de lujo y mejoramos en 4 segundos el tiempo de antes, que allí dentro es mejorar bastante. En la zona del asfalto después del antiguo arco de salida le canto a Guedes que espere un poco más por la curva porque siempre se mete muy pronto. Me hace caso y se manda una cruzada  espectacular. Me dio tiempo a ver un comisario echar mano a la bandera y prepararse para correr, así que debimos pasar muy cerca de la valla. Como ya dije, el coche suena mejor, corre más y es más estable, así que la mejoría comparada con las carreras anteriores es terrible. 
Toca descansar en lo que le dan la vuelta al recorrido y…riegan. Vaya obsesión tienen con mojar el circuito. Si lleva dos días lloviendo a mares, hace frío y no se levanta ni un gramo de polvo… déjalo quieto hombre. Encima ahora se sale en orden inverso, por lo que somos los 6º y en la de entrenamientos el barro nos llega a las orejas. La pasamos como podemos y la sensación no es buena porque para la oficial volverá a haber barro. De todas maneras hay que salir rápido porque ha habido varios abandonos y tenemos que aprovechar para sumar los máximos puntos posibles en la promoción. Todo va más o menos bien, pero al llegar a la curva de “lafisión” como diría El Crass, frenamos muy tarde y el morro sigue recto. Encima la marcha atrás no entra bien y tardamos más de lo que quisiéramos en salir de aquello. Yo calculo que perdimos 10 o 12 segundos entre el morreo, el apoyo, dar para atrás y seguir. Llegamos a meta y Diego está triste porque hemos perdido todo lo ganando anteriormente. Opino que hay que buscar la manera de terminar con buen sabor de boca, así que en la última manga decido que voy a apretar a mi piloto como si no hubiera un mañana, y lo que tenga que ser, que sea. Vamos muy rápido y se nota. El coche se presta a correr y da gusto. Llegando a la zona baja Diego intenta frenar pero le digo: “sigue sigue sigue sigue…” hasta casi la misma curva. En el asfalto de nuevo cruzada antológica y a tope también por el otro lado hasta la meta, en la que otra vez nada más pasar la pancarta y yo cantar el típico “valeeee” Guedes pega un frenazo que casi me saca por el parabrisas. Lo está cogiendo por costumbre y nos meamos de risa con eso. Antes de bajarnos y en la intimidad del habitáculo le doy la enhorabuena por haber progresado tanto y las gracias por llevarme con él otra vez.
Sacamos las cuentas y no vamos a recibir trofeo, pero debido a las retiradas que antes conté, y también a nuestra labor, faltaría más, terminamos en el puesto 15º de 24 en la general, 2º de la clase y 4º del promoción. No está mal, seguimos sumando. Hablando de clasificaciones, no veo lógico que puntúen los coches que han abandonado, porque entonces no has abandonado. Si te retiras…te retiras. Si rompes en la manga 1 y lo arreglas, pues vale que sigas corriendo, pero sin salir en la clasificación final. Más o menos como el super rallye de las pruebas de asfalto. En los slaloms no es así, tu te rompes, arreglas y al final puntúas. Si en tu clase hay pocos coches sumas una tonga de puntos, sólo 3 menos que un coche que hizo todas las mangas sin cometer errores ni averías o solo 5 menos que el ganador. No tiene lógica, o igual si la tiene pero yo no se la veo. En el WRC antes pasaba eso, y Loeb aun abandonando el primer día, subía al podium el último, así que lo tuvieron que quitar. En cualquier caso está reglamentado así y es lo que hay. Nosotros corremos por pasarlo bien y no volvernos locos, pero tenía que explicar esa inquietud.
Por cierto, el título de esta entrada viene dado porque como ya has leído, seguimos progresando, y porque Diego mandó bordar unas gorras con nuestros nombres y las llevamos puestas todo el tiempo que pudimos, aunque menos del reglamentario, ya que los dos trabajamos con gorra y cuando no curramos nos gusta tener la cabeza al aire. Prometo foto de las gorras, pero aun no la tengo.
Nada más, la próxima cita en los slaloms será el 20 de octubre en Pozo Izquierdo. Aquello es harina de otro costal, y a ver cómo se nos da. Por mi parte el casco me lo pongo este fin de semana para repetir en los carretones con mi cuñado en la tradicional bajada de Teror, y luego el siguiente sábado para participar en el rallye Villa de Teror seis años después de la última vez, ahora copilotando a Aridany Ojeda a bordo del VW Lupo. Si en los carros hay algo digno que contar haré una entrada independiente, pero si no, lo resumiré cuando les cuente lo acontecido en los tramos del rallye de mi pueblo.
Como siempre dar las gracias a Diego y todo su equipo, a los patrocinadores del coche, especialmente al más reciente y que ha invertido para que podamos estar en lo que queda de temporada "El Drago Padel Club",  a mi querida Leti  por acompañarme de nuevo y a ti por perder tu tiempo en leerme.

Saludos y… recuerda que siempre se puede mejorar, sólo hay que querer mejorarlo. 
Foto: Motor 2000

martes, 13 de agosto de 2013

Carretones en Firgas. Empujando...hasta el podium

Hacía unos cuantos meses que no tenía contacto con la velocidad. Desde el último slalom con el amigo Diego en el mes de mayo, apenas había pensado en nada que tuviera que ver con los coches, eso sí, sin perder el contacto ni con el mencionado Guedes ni con Mundo Ramírez, que anda buscando financiación para reparar el GT Turbo y poder estar en el Teror, cosa complicada a día de hoy. El caso es que no pensaba ponerme el casco hasta mediados de septiembre en la vuelta al CDIC con el Corolla, pero mira tú por donde, tuve que ponerme las pilas antes de tiempo.

Mi cuñado Tavo lleva unos años tirándose en los llamados carretones, tanto en Valleseco como por varios sitios de la isla, y resulta que el domingo día 11 había carrera en Firgas, y al tener a su copi habitual lesionado me comentó si quería ir con él en esta prueba. La verdad que siempre he pensado que los que se dedican a este menester son unos locos, y llegué a afirmar varias veces que si alguna vez me tiraba sería con Raúl Quesada, consumado especialista y que goza de mi plena confianza con un volante en las manos, pero algo me picó esta vez que, no sin haberlo pensado detenidamente, le dije a mi cuñado que sí. 
Aquí está la máquina 

Desde el mismo domingo por la mañana nos enteramos que la carrera no es por el recorrido habitual, sino por la carretera general que conduce desde la zona del cementerio hasta el mismo casco de Firgas, cosa que me parece bastante agradable al ser un trazado más llano y sobre todo más ancho que el de todos los años. 
El calor aprieta de mala manera y lo único que pienso antes de empezar es en ponerme a la sombra. Extrañamente en mi, no tenía nervios de ninguna clase, y no me gustaba esa sensación. Reparten los números y nos toca el 7, el dígito talismán de mi padre. Nos ponemos la camiseta oficial del patrocinador (Caresport Teror) y hacemos la cola de salida. Por un momento barajo la posibilidad de ponerme algo de manga larga, pero llevar al sol subido a la pela desde por la mañana me borra la idea de la mente. Bastante es el pantalón largo, el casco y los guantes. 
Nos toca salir, Tavo me da unas nociones básicas de cómo empujar en la salida ya que, aunque lo he visto cientos de veces, nunca me había fijado en la técnica de la tarea.
Al resto de carros les hace la cuenta atrás una chica de la organización. A mi piloto se la hago yo, que para eso uno es un veterano de las carreras, aunque sean de otro tipo. Empujo hasta donde creo suficiente y salto dentro de mi reducido habitáculo para agarrarme a los tubos. En la primera chicanne (que le canto a Tavo en un gesto involuntario) me da la sensación de que vamos a tocar alguna de las gomas que la forman, pero pasamos a toda leche casi en línea recta. Curva larga de izquierdas...casi se me sueltan las manos. Ya ahí me doy cuenta de que tengo que agarrarme más fuerte si no quiero provocar un accidente y partirme cualquier cosa. Menos mal que Tavo me prestó los guantes de la moto y así puedo apretar más. En esa misma curva, el espíritu de comisario de seguridad que tengo hace que me percate de que está todo el mundo por fuera de la valla, y pienso que como algún participante haga un recto por lo que sea, parte dos o tres canillas como mínimo. Ese pensamiento dura poco porque sobre la marcha estamos en la otra curva del trazado, una derecha larga que se cierra al final y que nos escupe contra la parte exterior haciendo que el culo "se espante" un poco y levantando la ovación del público. Segunda chicanne a fondo y meta. Vamos mirando los tiempos y según parece, vamos segundos o terceros. No está mal. Los remontes son momentos graciosos. Es como una subida de montaña en la que se corre hacia arriba y se sonríe hacía abajo, pero en sentido contrario. Vas de pie en el carro, con la cabeza descubierta, la gente te saluda, te aplaude, te critica... 
Para la segunda pasada mi piloto me dice que tengo que empujar más fuerte desde la salida y correr con los pies más lejos del carro. Vamos a ello. Me esmero en hacerlo lo mejor que puedo y vuelvo a saltar dentro del vehículo para ir asomando la cabeza por los lados del backet y así ver por donde vamos. Nunca he entendido la razón de que algunos copis de carretones vayan inclinándose en cada curva. A mi entender, eso más que ayudar lo que hace es desestabilizar, así que me acurruco en el suelo para hacer todo el peso posible y disfruto de la velocidad, que aunque no lo parezca, no es poca. Llegamos a meta marcando casi el mismo tiempo de la primera bajada, lo que nos coloca segundos a pocas milésimas del primero, pero un fallo en el sistema de cronometraje hace que se anule la manga y no se cuente. Queda sólo una, más corta y sin chicannes. Por lo visto la primera era de entrenos, así que con la anulación de la segunda, en esta hay que jugárselo todo. Tavo se pone de los nervios por si fallamos en algo y no terminamos. Lo intento tranquilizar diciéndole que si hicimos dos bastante bien, la tercera también ha de salir correctamente, aunque yo sé que se pone pesimista para calmar los nervios y no porque no tenga confianza. 
Llega el momento. Me pongo el casco y los guantes. Nos toca el turno de salir. En esta manga hay que ir rápido para optar a algo en la clasificación general y después de pasar la meta, hacer un trompo lo más bonito posible para optar a ese otro premio. 5, 4, 3, 2, 1... empujo a muerte desde antes de que se ponga el 0 en el reloj, corro con todas mis fuerzas hasta que vuelvo a saltar dentro de mi sitio. Bajamos super rápido, trazando un poco más fino la última curva cerrada (que también canto como si llevara notas). Le grito la meta a Tavo por si no había visto la célula en su nueva ubicación y mi cuñao pega un volantazo que produce un trompo al más puro estilo Gigi Galli y que levanta una terrible ovación del numeroso público. Ya está. He terminado mi primera carrera de carretones, por lo que sólo me queda por hacer RS y regularidad convencional dentro de las competiciones de las cuatro ruedas. He sido piloto de rallyes y de montaña, copiloto de rallyes de asfalto, tierra y slaloms, comisario de ruta, jefe y subjefe de tramo, jefe de seguridad, cronometrador, speaker, jefe de parque cerrado, copiloto en rutas 4x4, por encima de todo aficionado, y ahora copi de carretones. Mi madre dice que soy un vicioso, y creo que lleva razón.

Una vez terminan de bajar todos los compañeros, incluidos los tribikes y los skates, toca esperar para la entrega de premios. El rumor es que hemos quedado quintos, pero no termino de creérmelo ya que si antes íbamos 2º, ahora tendremos que estar más o menos en el mismo sitio. Entregan los premios y...somos subcampeones!!! Me alegro mucho por mi cuñado Tavo, que le echa montón de horas a este "semi deporte". 
Celebrando con nuestras mujeres

Por mi parte también estoy satisfecho, ya que no había hecho esto nunca y desde la primera curva ya me di cuenta de como funcionaba el invento y lo que tenía que hacer para tardar lo menos posible en cada bajada. Sinceramente, me gustó mucho la experiencia. La sensación de velocidad es buena y la adrenalina fluye como en un rallye o cualquier prueba parecida. El ambiente es también muy similar al de los rallyes ya que antes de la salida hablas con unos y con otros, comentas cosas del coche y el recorrido, criticas y acechas a tus rivales... lo típico. 
Le doy las gracias a Tavo por darme la oportunidad de probar algo nuevo dentro de las carreras. Seguramente volveré a repetir en otra ocasión cuando mi cuñado me lo pida, o cuando a Raúl le haga falta. Tengo curiosidad por saber que se siente en bajadas mas empinadas, estrechas y bacheadas. Gracias también a Pris y a mi maravillosa mujer Leti, que aguantan nuestra pasión por la velocidad como si también les gustara a ellas jeje.
Al final, paella de la organización y bocata de la Bolera de paso "parriba". 
Si todo va como debe, la próxima vez que me ponga el casco será en el circuito de Jinámar el 15 de septiembre.
Ya lo dije al terminar el Santa Brígida en abril de este año y lo repito ahora: confía en tus posibilidades y todo saldrá bien. Yo lo volví a hacer y a la vista está el resultado.
Saludos. 
Gracias.